domingo, 29 de marzo de 2015

Seguir sus pasos






Me gusta leer al santo Tomás Moro. Hoy leo:

“Mira como marcho delante de ti en este camino tan lleno de temores. Agárrate al borde de mi vestido, y sentirás fluir de él un poder que no permitirá a la sangre de tu corazón derramarse en vanos temores y angustias; hará tu ánimo más alegre, sobre todo cuando recuerdes que sigues muy de cerca mis pasos –fiel soy, y no permitiré que seas tentado más allá de tus fuerzas, sino que te daré, junto con la prueba, la gracia necesaria para soportarla-, y alegre también tu ánimo cuando recuerdes que esta tribulación leve y momentánea se convertirá en un peso de gloria inmenso. Porque los sufrimientos de aquí abajo no son comparables con la gloria futura que se manifestará en ti. Saca fuerza de la consideración de todo esto y arroja el abatimiento y la tristeza, el miedo y el cansancio, con el signo de mi cruz y como si sólo fueran vanos espectros en las tinieblas. Avanza con brío y atraviesa firmemente confiado los obstáculos en que yo te apoyaré y dirigiré tu causa hasta que seas proclamado vencedor. Te premiaré entonces con la corona de la victoria.”

Quiero estar a su lado siempre, pero más que nunca en esta semana de tanto dolor y sufrimiento aunque vaya con la huella de mis pecados.
No quiero que se encuentre sólo en ningún momento. Que los latidos de mi alma caminen al compás de su dolor. 
Y qué alegría me produce no tener que contarle nada, no tener que explicarle nada. Sabe tanto sobre mí, que ni yo misma tengo tanto conocimiento de mis entresijos. Sólo ir a su lado es suficiente para que todas mis dificultades se suavicen por completo. Lo conoce todo, todo, y sabe cuáles son las cosas que me producen alegrías y tristezas, lo que me conmueve e inquieta, lo que me irrita, lo que espero... En todo momento sale a mi encuentro.

+Capuchino de Silos 



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